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Todos nosotros, a cualquier edad, podemos sufrir golpes en la cabeza. La manera en que se producen estos traumas varía enormemente; y la clínica, severidad de la lesión, manejo y secuelas dependerán del cómo se produjo y del tipo de paciente que lo presenta.

  • Los golpes en la cabeza pueden ser tan leves, desde un pequeño manotazo de un compañero durante un juego de fútbol en un menor sano de 13 años.
  • Pueden ser golpes más serios como precipitaciones, accidentes de tránsito o golpes con objetos contundentes, en un recién nacido o en un adulto mayor anticoagulado (lo cual aumenta el riesgo de sangrado).

La reacción inicial: identificando señales de alerta

Ante un golpe en la cabeza, la reacción inicial de la persona nos aportará también información muy valiosa:

  • Si el paciente no pierde el conocimiento e inmediatamente después del golpe se reincorpora, habla adecuadamente, camina sin dificultad y se encuentra orientado, son definitivamente signos de buen pronóstico. Nos orienta hacia una posible evolución benigna del cuadro.
  • Por el contrario, si el paciente se torna inconsciente o si al reincorporarse se encuentra desorientado, habla raro, no camina adecuadamente, vomita “en proyectil” (con presión), o convulsiona, ​son banderas rojas​​. Definitivamente nos orientan hacia una lesión mayor, que amerita soporte avanzado de vida y traslado hospitalario.

Banderas Rojas

  • Paciente inconsciente
  • Paciente con alteraciones neurológicas
    • Focalizaciones
    • Desorientado
    • Cambios conductuales
      • Irritabilidad
      • Combativo
      • Somnoliento
    • Periodos de amnesia
    • Imposibilidad para hablar, o lo hace de forma inadecuada
  • Vómitos en proyectil
  • Convulsiones
  • Paciente con alteraciones respiratorias
  • Sangrado por los oídos
  • Deformidades físicas evidentes
  • Niños con llanto inconsolable; o sufren periodos de llanto alternados con somnolencia

El 80% de los traumas de cráneo son leves, sin mayores complicaciones ni secuelas.

La minoría, afortunadamente corresponden a lesiones cráneoencefálicas moderadas y graves; en donde se puede lesionar el tejido cerebral propiamente o las estructuras vasculares asociadas.

Un protocolo de atención

En los casos de golpes leves en los que el paciente es una persona sana y está consciente, en buen estado general, activo y orientado, que intenta reincorporarse, el manejo es meramente expectante.

Se le recomienda al paciente, al encargado legal o a los padres del niño que lo observen. Debe continuar con su vida lo más normal posible. Muchos de nosotros cuando nuestro bebé se golpea tendemos a “chinearlo” más y tenerlo acurrucadito; pero debemos estimularlo a jugar, correr, pintar, para que en caso de desarrollar alguna lesión cerebral, podamos detectarla. De igual forma con nuestros adultos mayores, debemos siempre incentivarlos a permanecer lo más activos posible.

Los que tenemos más años recordamos que cuando nos golpeábamos la cabeza, las madres y abuelas nos dejaban despiertos por horas, sin permitirnos dormir. Esto es realmente un mito. Se ha demostrado que al golpearnos nos asustamos y los más pequeños podrían hasta llorar; situación que implica una descarga de adrenalina, que al ir disminuyendo paulatinamente deja al niño cansado y con ganas de dormir. Podemos permitirle hacerlo, pero debemos despertarlo periódicamente para valorar su estado.

Podemos colocar en el hematoma (“chichota”) hielo o compresas frías, de forma intermitente (envolverlos en un paño y no dejarlas por horas, porque podría lesionar la piel) y de ser necesario podríamos administrar algún analgésico.

La mayoría de lesiones graves se producen inmediatamente después de la lesión inicial. Sin embargo, ante un paciente en buen estado general, debemos pasar un periodo de 48-72 horas de observación, en el cual estaremos al tanto del desarrollo de banderas rojas. La persona puede continuar su vida con normalidad.

En los casos más graves, donde detectamos la presencia de signos de alarma, no debemos movilizar al paciente (no ponerle almohadas en el piso). Si este intenta moverse porque está desorientado, debemos intentar tranquilizarlo y lograr que que se mantenga sentado o acostado. No se recomienda darle nada de beber ni comer.

A la espera de atención

El manejo médico y paramédico propiamente dicho al llegar la ambulancia a la escena dependerá de la clínica que presente el paciente. En ocasiones solamente se recostará al paciente en la camilla. En otras necesitaremos inmovilizarlo de pies a cabeza y utilizar dispositivos que ventilen al paciente (lo ayuden a respirar).

Previo al arribo de la ambulancia, podemos ir despejando el ingreso. Es decir, corriendo muebles (ya que probablemente deba extraerse de la casa en camilla) y sacando los carros que dificulten la salida por el garaje.

Al ingreso al centro médico, los colegas iniciarán nuevamente con el proceso de revisión e indicarán diversos exámenes de laboratorio y gabinete, como radiografías, tomografía axial computarizada o resonancia magnética. Dependiendo del estado clínico del paciente y de estos resultados se tomarán las decisiones terapéuticas, las cuales pueden ir desde una simple observación médica estrecha hasta procedimientos quirúrgicos.

Por supuesto, los accidentes ocurren en cualquier momento. Por eso proteja a sus seres queridos y colaboradores con los profesionales mejor capacitados del país, Emergencias Médicas. Pregunte por nuestros planes de atención y aseguremos juntos su tranquilidad.

Elaborado por Dra. Ana Alpízar

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